BARCELONA

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Estas son las nacionalidades de los heridos y fallecidos de los atentados de Barcelona el pasado 17 de agosto. Así es Barcelona, la ciudad de todos, la ciudad hecha por todos desde hace más de dos mil doscientos años. Y ocurrió en Las Ramblas, la calle más universal del mundo, la calle donde el tiempo se para tantas veces como te pares tú. La calle donde conviven a la vez las 4 estaciones del año y la única calle que, al caminarla, no quieres que acabe nunca.

He ido a pasear a la Ramblas, están bien, la gente camina y se para como siempre lo hizo, los comercios lucen igual que siempre, las estatuas humanas están a derecha e izquierda, los quioscos de flores, pájaros y periódicos siguen rodeados de gentes llegadas de todo el planeta.

Nadie mira hacia el suelo, excepto cuando toca hacerlo para admirar el mosaico de Joan Miró, en ese mismo lugar donde el airbag y su efectivo mecanismo que desconecta todo, nos evitó una masacre aún mayor.

Solo dos cosas han cambiado:

Por una parte, en un lugar determinado, bajando a la izquierda, los paseantes se agachan y escriben, en las baldosas rectangulares que separan el paseo central de la calzada, mensajes anónimos en cualquier lengua que hacen referencia al amor, al dolor, a la alegría y a la paz. Son mensajes de ánimo para los barceloneses de aquellos que generosamente nos visitan cada año para recordarnos que vivimos en el lugar donde quiere vivir el resto del mundo. Creo que en unas pocas semanas, quizás en unos pocos meses, la lluvia las habrá borrado y entonces los paseantes volverán a atreverse a pisar esas losas. Ahora, esas, no las pisa absolutamente nadie.

Y por otra hay un nuevo sentido que puede notarse en el ambiente. La gente se mira a los ojos directamente, se observa, no para vigilarse sino para decirse desde el silencio, “yo también” que es la segunda forma más popular de decirse “te amo”. También pasará. Cuando acabe el miedo a no tener miedo.

Y volveremos a ser lo que somos y siempre fuimos, una familia donde nadie quiere saber de dónde vienes sino a qué vas, volveremos a mirar al futuro con la inocencia propia que te define como catalán, nos dejaremos llevar por ese rio de influencias llegadas de todo el mundo e intentaremos sacarle el máximo provecho y seguiremos construyendo, desde la fuerza que nos da nuestro infinito sentido de la responsabilidad ciudadana, el lugar donde todo el mundo quiere vivir, con la ciudad más universal del mundo, la ciudad donde el tiempo se para tantas veces como te pares tú. La ciudad donde conviven a la vez las 4 estaciones del año y la única ciudad que, al caminarla, no quieres que acabe nunca. Convertiremos Barcelona en la Rambla del mundo.

Seguid viniendo a Barcelona, sois parte de ella y os necesita.

Ferran Fisas
Barcelona, septiembre 3 2017

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